lunes, 23 de octubre de 2017

Un Loco Vive

Un loco ríe mientras sufre. Ríe y llora al mismo tiempo. Su rostro asusta, espanta, repugna. Los ojos blancos, abiertos, mirando fijamente a la nada. Su sonrisa incrédula, los dientes luminosos, las comisuras de los labios derretidas cual relojes de Dalí.

Un loco encuentra belleza en el dolor. Ojalá pudiese robarle el dolor a la humanidad y como el más vil egoísta, quedárselo para sí mismo, respirar profundamente y llenar cada pequeño espacio de sus pulmones de dolor.

Un loco baila bien. Como una bolsa de plástico llevada por el viento, se tambalea, siente cada músculo de su cuerpo. Los huesos duros, hundiéndose en las blandas carnes. Se acaricia, se estruje la cara, se tira al suelo, se retuerce.

Un loco se queda quieto. La mejilla sobre la tierra. Su respiración agitada por los bailes levanta el polvo. Después de la tempestad, viene la calma. Pensativo, arrastra la palma de su mano por el terreno. Pega la oreja al suelo.

Un loco escucha perros ladrando, pájaros, una lagartija entre los hierbajos, el viento y unos latidos:

- “¿Eso que late es sobre lo que tantos poetas han gastado sus plumas? Cuanto tiempo malgastado.” - piensa el loco y empieza a reír de nuevo. Reír y llorar al mismo tiempo, porque es lo único que conoce.

Un loco se levanta. Por un momento observa todo a su alrededor con detenimiento. Asiente con la cabeza, limpia las lagrimas con la muñeca de su mano, estira su cuello, se peina, sacude sus ropas del polvo, resopla y se pone la máscara.


Un loco marcha y por su camino da los buenos días amablemente a cada señora que pasea a su perrito.